Entre archivo y calle: la memoria viva de Franklin y Bío Bío en la mirada de Marcelo Montecino

La exposición “Barrios Franklin y Bío Bío: una mirada sobre su historia”, presentada en Factoría Santa Rosa, se inscribe con claridad en una tradición de la fotografía documental latinoamericana que no solo registra, sino que interpreta críticamente el espacio urbano como un territorio vivo, en constante transformación. En este contexto, la obra de Marcelo Montecino adquiere una relevancia particular: su mirada no es la del observador distante, sino la de un testigo comprometido con las capas históricas, sociales y afectivas de la ciudad.

La muestra, que se inaugura el 18 de abril y se extiende hasta el 18 de julio de 2026, propone una inmersión sensorial en dos de los barrios más emblemáticos del centro de Santiago. A través de sus imágenes, Montecino captura el pulso cotidiano de Franklin y Bío Bío: el bullicio de ferias y mercados, la materialidad de los galpones industriales, los gestos mínimos de vendedores y transeúntes. Cada fotografía se configura como una escena donde lo aparentemente trivial adquiere densidad simbólica, revelando la complejidad de la vida urbana.

Un aspecto fundamental de la exposición radica en su carácter de relectura curatorial y en su diálogo con otros soportes. Bajo la curaduría de Andrea Aguad, la muestra no solo retoma la investigación previa “Marcelo Montecino: La máquina de coser y el paraguas. Franklin (1962-2018)”, sino que la reinterpreta desde una perspectiva renovada, desplazando el énfasis hacia una visión más amplia que incorpora tanto Franklin como Bío Bío como territorios interconectados. Este gesto curatorial se amplifica al establecer un vínculo directo con el libro homónimo publicado por Factoría Santa Rosa, generando un cruce entre imagen y texto que expande la experiencia más allá del espacio expositivo. Así, la muestra se configura como un dispositivo híbrido donde archivo, edición y exhibición convergen para construir una narrativa compleja sobre la memoria urbana.

Formalmente, las imágenes de Montecino se sitúan en una zona híbrida entre el documento y la poesía visual. La atención al detalle —un cartel antiguo que resiste el paso del tiempo, la luz filtrándose entre techos metálicos, la textura de superficies desgastadas— revela una sensibilidad que dialoga con la tradición de la fotografía humanista, aunque sin caer en la idealización. Por el contrario, su trabajo enfatiza la fricción entre permanencia y cambio: los espacios que retrata son escenarios donde la modernización y la tradición coexisten en tensión constante.

Uno de los aportes más significativos de la exposición es su capacidad para articular una narrativa de lo cotidiano. Las escenas de ferias y mercados no funcionan como simples registros costumbristas, sino como micro-relatos donde se inscriben dinámicas económicas, vínculos comunitarios y formas específicas de habitar la ciudad. En este sentido, la fotografía opera como un medio de conocimiento, capaz de hacer visible aquello que suele permanecer fuera de los relatos oficiales sobre el desarrollo urbano.

Asimismo, la muestra pone en valor el carácter patrimonial de estos barrios sin caer en una nostalgia paralizante. Más bien, propone una memoria activa, en la que el pasado se proyecta sobre el presente como una dimensión en constante resignificación. Esta perspectiva resulta especialmente pertinente en el contexto de ciudades latinoamericanas, donde los procesos de transformación urbana suelen tensionar la preservación de identidades locales.

Con más de cinco décadas de trayectoria, Marcelo Montecino ha consolidado una obra que se mueve entre el registro documental y la reflexión poética sobre lo social. Formado en Teoría del Arte en la Universidad de Chile y reconocido con el Premio a la Trayectoria Fotográfica Antonio Quintana en 2017, su trabajo ha contribuido de manera decisiva a construir una memoria visual de Santiago desde sus márgenes y sus espacios cotidianos.

En definitiva, “Barrios Franklin y Bío Bío: una mirada sobre su historia” se presenta como mucho más que una exposición fotográfica: es un ensayo visual que invita a reconsiderar nuestra relación con la ciudad. Al detenerse en sus ritmos, en sus fragmentos y en sus huellas, la muestra propone una experiencia de observación atenta que transforma lo cotidiano en un territorio de significación, donde historia, emoción y vida urbana se entrelazan de manera inseparable.