Divina Machina
Entender la tecnología como una invitación a explorar un territorio de memoria y transformación, es el pulso que define a Divina Machina by Qs Ventures. Este estudio de arte, tecnología y experiencias inmersivas se sitúa justamente ahí: en la intersección exacta donde la Inteligencia Artificial generativa, la presencia física y la narrativa cultural se funden para habitar el espacio.
Su trayectoria reciente da cuenta de una búsqueda que ya resuena en el circuito internacional. En 2025, el estudio presentó Gaia 2147 en la Milan Design Week, una obra que no solo cautivó al público sino que fue reconocida con el Premio Chile Diseño. Consolidando este camino, en 2026 regresaron por segundo año consecutivo a la cita milanesa con su nueva propuesta, Obsidian Reflections. Este recorrido expansivo sumará un hito fundamental los próximos 18 y 19 de junio, cuando Gaia 2147 se presente en Sónar Barcelona en calidad de artista invitado.

El espejo del agua y la memoria ancestral
En su reciente paso por el Fuorisalone, dentro del espacio de BASE Milano, el estudio desplegó Obsidian Reflections, una instalación inmersiva que toma como eje de inspiración la leyenda de La Llorona, desplazándola hacia una dimensión sagrada y poética.
La obra se estructuró a partir de tres fuentes de agua negra que operaban como espejos vivos. En ellos, una IA generativa intervenía en tiempo real el reflejo de cada visitante, revelando las distintas edades del yo, mientras el entorno susurraba mandatos latentes: “debes jugar, debes sobrevivir, debes perdonar”. Lejos de apelar al miedo, la pieza proponía un encuentro directo con la oscuridad, entendiéndola como un territorio simbólico de presencia y mutación.
[ Universo Visual ] —-> Ciudad maya / Jungla bioluminiscente / Abismo
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[ Visitante / Cuerpo Ritual ]
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[ Animal Totémico ] —-> Reptil (Jugar) | Quetzal (Sobrevivir) | Jaguar (Perdonar)
Durante seis días, la obra se articuló a través de tres animales totémicos y cuatro universos visuales. Quien ingresaba dejaba de ser un mero observador para encarnarse en reptil, quetzal o jaguar; cada animal ligada a su propio mandato existencial. En sincronía con esta transmutación, el espacio de BASE Milano mutaba de forma absoluta, transformándose en una ciudad maya de piedra y antorchas, en una jungla bioluminiscente nocturna o en un abismo donde la penumbra se manifestaba como pura potencia. No existían espectadores: lo que allí acontecía eran cuerpos atravesando un ritual contemporáneo.
Desplazamiento técnico y el arte como organismo vivo
El soporte tecnológico detrás de esta experiencia sensorial y dramatúrgica se logró mediante el uso de Lucy 2.1, el modelo más avanzado de Decart.AI. Se trata de un sistema desarrollado originalmente para el ecommerce, los videojuegos y la animación, pero que aquí fue inteligentemente desplazado y subvertido hacia un contexto de presencia extendida. El modelo operaba procesando en tiempo real tanto la imagen corporal del visitante como el contexto narrativo que se activaba en cada momento.
La IA como materia mutable: Un aspecto fundamental en la propuesta de Divina Machina es la concepción de la instalación como un organismo vivo y sintiente.



Al cierre de cada jornada, el equipo de creadores abría un espacio de diálogo y revisión junto a la propia IA para analizar el comportamiento orgánico de la obra. Evaluando dónde se detenían las personas, qué momentos detonaban mayor emotividad, o cuándo emergía el silencio y la sorpresa, el equipo ajustaba visuales, ritmos, transiciones y respuestas del sistema. De este modo, la experiencia se volvía cada día más fluida, intuitiva y conectada con la emoción. Una obra mutante que, en su propio transcurrir, aprendía de cada cuerpo que la atravesaba

¿Cómo fue la experiencia?
Increíble, sin eufemismos. En seis días se completaron 2.600 experiencias individuales. El día más intenso fue el sábado 26 de abril, con 713 generaciones, y el pico de actividad se registró entre la una y las tres de la tarde, con 684 transformaciones en dos horas. En el contexto de la Milan Design Week, con todo lo que compite por la atención, eso dice algo muy claro. La gente no solo entró. Se quedó. Y muchos volvieron.
¿Te pareció interesante la interacción con las personas?
Muchísimo. Lo que no estaba del todo calculado era el silencio. La instalación tiene sonido, transformación en tiempo real y una narrativa inmersiva, pero los momentos más poderosos eran cuando alguien se quedaba parado delante del agua negra sin hablar. Como si el espejo hubiera dicho algo que todavía estaban procesando. Eso no estaba programado. Eso lo trajo la gente.
¿Generó sorpresa tu propuesta?
Sí, pero no desde el lugar del “wow” tecnológico, sino desde una sorpresa mucho más íntima. La reacción era más bien: “¿qué acaba de pasar?”, “¿ese soy yo?”, o incluso “sí, soy yo”. Ese instante de reconocimiento y extrañeza al mismo tiempo fue muy potente. La IA no aparecía como un efecto externo, sino como un espejo que devolvía una versión inesperada de uno mismo.
¿Estuvo a la altura de tus expectativas?
Las superó. Y lo decimos con cierta incomodidad, porque cuando algo funciona mejor de lo que esperabas lo primero que tienes que hacer es entender por qué, para no confundir suerte con método. La combinación de agua, oscuridad y narrativa itinerante creó algo que no es exactamente instalación, no es exactamente performance, no es exactamente tecnología. Eso nos interesa seguir explorando.
¿En general qué te pareció el evento?
We Will Design — HELLO DARKNESS fue el programa más coherente conceptualmente que hemos visto en MDW en mucho tiempo. 80 creadores, 23 países y una premisa que no era un símbolo vacío. La oscuridad como condición fértil, no como ausencia. Eso te pone en conversación con trabajos que también están pensando desde ese lugar. Para Obsidian Reflections fue el contexto ideal.


